Contarle a alguien que tienes deudas no es fácil. A veces da miedo, otras veces, vergüenza. Y muchas veces, simplemente no sabes cómo empezar la conversación.
En Sin Deuda Group hablamos cada día con personas que han guardado silencio durante años. Que han sufrido en soledad por miedo a decepcionar, a preocupar o a ser juzgadas. Y sabemos que el simple hecho de ponerlo en palabras puede suponer un alivio enorme.
Por eso, hoy queremos ayudarte con algo muy importante: cómo hablar de tus deudas con tu entorno sin cargar con culpa. Porque aunque no lo creas, decirlo puede ser el primer paso para dejar de sentirte solo… y empezar a salir.
- No tienes que contarlo todo (pero tampoco esconderlo todo)
Lo importante es poder decir: “Estoy pasando por una situación difícil y necesito apoyo.” Contar tu situación no es exponerte: es empezar a cuidarte.
- La vergüenza se combate con información
Muchas veces sentimos vergüenza porque creemos que “la culpa es nuestra”. Pero las deudas no siempre tienen que ver con malas decisiones: hay contextos que nos superan. Y conocer tus derechos (como el derecho a cancelar tus deudas si eres insolvente) cambia la forma en que hablas… y cómo te sientes.
- Si no puedes solo, dilo
Puede ser tu pareja, un amigo o un familiar. A veces necesitamos decirlo solo para que alguien nos escuche. No estás pidiendo dinero, estás compartiendo algo que te afecta emocionalmente. Eso también es salud.
- Contarlo no te hace más débil, te hace más libre
Cuando ocultamos un problema durante mucho tiempo, se hace más grande. Te roba energía, te aleja de la gente que quieres y te impide pedir ayuda. Hablarlo te devuelve el control. Y a veces, compartirlo es el empujón que necesitas para dar el paso.
Te ayudamos a dar el paso
Puede que ahora te dé miedo hablarlo. Pero, ¿y si hablar fuese el principio del cambio?
No estás solo, y no tienes por qué seguir callando. Si las deudas están afectando tu día a día, tu bienestar o tus relaciones, es momento de hacer algo por ti.
En Sin Deuda Group te ayudamos a analizar tu situación, ver si puedes acogerte a la Ley de Segunda Oportunidad, y acompañarte en todo el proceso. Sin juicios, sin letra pequeña, sin promesas vacías.




